DAME UN BESO
Nos hemos conocido en una ciudad gris porque estamos empleados en un trabajo gris, con mesas grises, sillas grises y paredes blancas amarillentas por el tiempo. Ninguno somos de aquí y los dos tenemos pareja que nos espera en otro sitio. Eres alto y atlético, tienes una tremenda nariz aguileña que a mí me parece aristocrática. Eres además la primera persona que me ha dicho que soy maravillosa.
Sin querer ha surgido entre nosotros un amor loco, furtivo y sin futuro. Me gustas y te gusto, nos hemos dicho. Tu hermana te ha recomendado que abandones a tu novia, le has hablado mucho de mí en estos tres meses que trabajamos juntos. Son más de las doce de la noche y estás llamando a mi puerta, has subido por las escaleras, no has querido esperar el ascensor.
Te abro, y tienes unos ojos brillantes y desesperados. Tu novia se ha presentado por sorpresa a visitarte, has estado toda la tarde con ella y ahora la has dejado en tu casa, sola, porque tenías algo muy importante que no podías dejar de hacer. Con tus ojos brillantes y desesperados y tu tremenda nariz aguileña extiendes tu mano y me entregas los Cds que ayer te presté. Avanzamos al salón y nos sentamos uno junto al otro en el sofá; sin decir nada, hueles bien. Has venido a por un beso, sólo un beso.
Acercas tu cara a la mía y me besas en la boca un beso profundo, dulce y delicado al principio, que se torna independiente y brusco cuando se mezclan nuestras lenguas en un caldo que parece delicioso a nuestro gusto. Nos estamos besando, sólo eso, en el horrible sofá estampado de mi piso alquilado, coronados a la espalda por el horrible tapiz de leopardos desangrados, en esta ciudad gris donde nos hemos conocido y estamos empleados.




Siete dijo
Parece de película... Me gusta tu forma de relatar, no sé si ya te lo he dicho.
Una historia muy romántica pero dañina.
Un beso... en la mejilla ;)
23 Octubre 2005 | 03:46 AM