EL ASCENSOR DE LA TORRE AGBAR

Voy un poco justa de tiempo. Llego tarde. Un atasco tremendo en la Diagonal. Estresada porque no sé si voy a coincidir contigo en el aparcamiento. Pero, por fin, ya estoy aparcando en el subsuelo de la Torre Agbar. He llegado a tiempo. Te veo como sales de tu deportivo negro, aparcado a unos 100 metros del mío. Me tienes loca. Por ti no duermo. Caminamos hacia los ascensores, como siempre a una distancia prudencial, ignorándonos el uno al otro. No sabes que soy psicóloga, que trabajo aquí en Recursos Humanos. Desconoces mi nombre. Yo tampoco sé el tuyo, ni a que vienes a este edificio. Todos los días a la misma hora; coincidimos.
En el ascensor, inundados de luz de la ciudad. Dentro de este géiser de aspecto fálico, diseñado por Nouvel. Apartamos la vista de las torres de la Sagrada Familia para concentrarnos en nuestros cuerpos. Estoy espléndida. Te deslumbro. Vestida con un estampado de tirantes. Tu vas impecable, como siempre de Armani, hoy de negro. Conforme nos elevamos, nos vamos desnudando con la mirada. Intercambiando olores. Ya has descubierto que no llevo ropa interior. Que te estoy provocando. Olvido a la planta a la que voy, la doce. Hoy me he propuesto saber a cuál vas tú.
Planta veinticuatro. Final de este ascensor. Último vistazo a Barcelona. Te diriges al elevador interior . Te sigo. Subimos. Solos tú y yo. Sin luz solar, sin ciudad espía, sin nadie. Calculo que tenemos seis plantas para amarnos, a velocidad de vértigo. Absorbo de una sola bocanada todo tu olor. Ya pegada a ti. Me abrazas, te abrazo. Recorres todo mi cuerpo. Excitación y éxtasis … Se acabó. No hay tiempo. Planta treinta.
Salimos aturdidos. Y sin conocernos. Con disimulo, ni un hasta luego. En esta mole de hormigón, cristal y acero.




HippieGirl dijo
Sin hasta luego...pero igualmente (o más) excitante.
Un saludito
7 Noviembre 2005 | 07:57 PM